jueves, 28 de junio de 2007

Pablo de Tarso

El modelo de fe de la Rama Ruta es San Pablo, porque es un ejemplo digno de seguir, por su coherencia de vida y por ser testimonio de su fe. San Pablo se mantuvo fiel a sus principios a pesar de las dificultades y tentaciones que enfrentó.

Pablo de Tarso, el "apóstol de los gentiles" nació en la ciudad de Tarso, entre los años 15 y 5 a.C. De acuerdo a las costumbres de su época llevaba desde su nacimiento dos nombres: Saulo para el mundo judío y Pablo para el mundo romano, nombre que definitivamente adoptara cuando se convierte al cristianismo.

Desde joven había sentido la necesidad de dedicarse al servicio de Dios, por eso se dirigió a Jerusalén para estudiar la religión con los mejores maestros de su tiempo.

El interés por las cosas de Dios le hizo olvidar la búsqueda de una esposa.

Los judíos le encargaron la difícil tarea de eliminar de sus comunidades la doctrina cristiana. Entonces Pablo dirigió la represión contra los seguidores de Cristo, haciéndolo en forma muy dura.

Hasta ese momento Pablo se sentía bueno y daba gracias a Dios porque lo había hecho un creyente responsable y consecuente con sus principios. Pero pronto descubrió que sus meritos y sus servicios no era lo que valían la pena para Dios; su fe era antes que nada un fanatismo humano y su seguridad de creyente un orgullo disimulado. Pablo se vio a sí mismo pecador, violento y rebelde pero al mismo tiempo comprendió que Dios acoge, entiende y perdona.

De esta manera, Pablo descubrió un nuevo camino en torno a Cristo, transformandose en un instrumento para extender la iglesia. Fue un gran proclamador de la palabra de Cristo, labor que realizó visitando innumerables ciudades y comunidades, convirtiéndose en un animador constante de ellas a través de sus epístolas.

Pablo fue hombre de una pieza, intransigente e impetuoso, y al mismo tiempo un hermano, un amigo para sus compañeros.

Fue un gigante, un hombre fuera de serie, y al mismo tiempo un hombre como nosotros, que duda, vacila, busca, sufre, se encoleriza, protesta contra la enfermedad, contra la injusticia, contra la incomprensión. Un reñidor, un hombre de acción, pero también un hombre de reflexión.

Un atleta que se esfuerza por ganar la carrera, cueste lo que cueste y que quiere arrastrarnos a nosotros detrás de él. Un hombre de fuego, entusiasta, devorado por una inmensa pasión.

Es por todas estas razones y no sólo por su calidad de Santo, o de seguidor de Cristo, que lo consideramos nuestro modelo de fe.

Pablo fue PIONERO en ideas como la predicación del mensaje a todo el mundo y no sólo al pueblo elegido. Además fue un CAMINANTE inagotable, que asumió personalmente la tarea que propuso a sus hermanos de comunidad.

En algún momento de su vida se vio enfrentado a dos caminos, el terrenal -que le pedía servir a Roma y perseguir a los cristianos- y el espiritual -que le ofrecía un camino lleno de obstáculos y sinsabores, pero que le daba la oportunidad de hacer un DESCUBRIMIENTO en su propio interior.

Esto a su vez le llevaría a la gran experiencia de compartir con diversas comunidades el ENCUENTRO con la fe. Su virtud fue que, a partir de la fe, fue capaz de denunciar y de actuar, es decir no se quedó a un nivel de discurso, sino que fue un ejemplo de COMPROMISO y TESTIMONIO con la verdad que predicaba.

Para los grupos cristianos la figura de San Pablo adquiere una dimensión y un significado especial por su testimonio de fe. Su gran fuerza provenía de su fe en un Creador, pero también en sí mismo, en su propia capacidad de realizar una misión en esta tierra. Con humildad, pero con firmeza, defendió sus ideales y tomó el camino de los hombres libres que son capaces de entregar su vida en el servicio a los demás.

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